Un lugar donde aprender, imaginar, crear y también divertirse.

Aquí encontrarás cuentos, poesías, adivinanzas, noticias ...

y muchas cosas más que el mundo del libro nos puede dar.


Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de abril de 2012

2 de abril, Día de la Literatura Infantil

El día 2 de abril se celebra el Día de la Literatura Infantil, nosotros queremos celebrarlo con todos vosotros y de qué mejor manera que invitaros a leer este cuento que nos ha hecho llegar Marina una alumna de nuestro cole, que empieza a dar sus pasos en el mundo del libro con este cuento. Esperamos que os guste.



LOS SIETE MISTERIOS
Autoras: Marina y Paula
De la colección de:  Las Aventuras


Érase  que  se  era,  dos  niños  muy, muy  amigos. Uno  se  llamaba  William  y el otro  se  llamaba  Mit.
Los  dos  niños  eran  muy  valientes  y  muy  fuertes. William  se  había  enfadado  con  su  padre  porque  no  le  dejaba  viajar  por el  mundo  y  entonces  pegó  un  portazo  y  de  repente  se  abrió  un  portal mágico. ¡Menudo  susto  se  pegó! Salió  corriendo  para  decirle  lo  que  le  había  ocurrido, pero  era  demasiado tarde  porque  su  hermano  se había  ido  a  un  ensayo  de instrumento, que  por  cierto,  tocaba  el  fagot.
William  esperó, y  esperó, pero  no  volvía. Al  cabo  de  un  rato  vino su  hermano  y le  contó  lo  que  le  había  pasado . Menos  mal  que mientras  esperaba  a  su  hermano  se  había  tranquilizado  un  poco  porque  si  no, se  lo  hubiera  dicho  tan  rápido  que  no  entendería nada,  pero  que  nada .
Su  hermano  le  dijo:
-A  ver, espera  un  momento. ¿Me  estás  diciendo  que  hay  un  portal Mágico  en  nuestra  habitación?
Los  dos  hermanos  se  fueron  corriendo  a  la  habitación  para  ver  el  portal pero  como  la  casa  era  tan  grande  cuando  llegaron  a  la  habitación estaban  muy  cansados  y  se  sentaron  en  la  cama  y  de  repente  Mit se  dio  cuenta  de  que  se  había  sentado  encima  de  algo  no  muy duro, se  levantó  y  vieron  que  habían  dos  tarjetitas,  cada  una  con  el nombre  de  cada  uno . Al  coger  las  tarjetas  se  abrió  una  pequeña  rajita y  los  dos  niños  metieron  las  tarjetas  por  la  rajita  y  de  repente  se abrió  el  mismo  portal  de  antes.
Los  niños  entraron  por  el  portal y se  sintieron  más  ligeros  pero  se  dieron  cuenta  de  que  no  era que  habían  perdido  unos  kilitos  de  más  con  la  corrida   desde  la entrada  hasta  la  habitación, pues  no, era  que  estaban  volando  por encima  de  un  bosque ,consiguieron  aterrizar  y  encontraron  frente  a  sus  narices un  cruz. Al  lado  habían  dos  palas, las  cogieron  y  empezaron  a  cavar  y  en  el  fondo  del  agujero  encontraron  una  caracola . La  caracola  les  dijo:
- Por  favor,  sacadme  del  acuario  que  ya  estoy  harto  de  estar  aquí  dentro tantos  años. Muchas  gracias, llevaba  aquí  encerrado  mucho  tiempo  porque un  malo  llamado  Conde  Drácula  me  enterró  aquí  porque  soy  sabio  y  cada vez  que  el  conde  hacia  alguna  maldad,   los  habitantes  de  este  lugar  me preguntaban  cómo  deshacer  sus  planes y  ahora  no  para  de  hacer  maldades. Los  habitantes  han  ido  la  mayoría  a  luchar  contra  él  y  han  muerto  todos, por   eso  ahora  en  el  pueblo  hay  muy  pocas  personas,  pero  por  suerte, las  que  quedan  vivas  son  las  que  mas  información  os  pueden  dar  o  de  algo  os  pueden  servir . Ahora  tenéis   que  ir  al  sector  del  agua  en  que  encontrareis  los  siete Misterios  separados  representados  con  diamantes .
Los  dos  niños  fueron  volando  hasta  el  sector  del  agua  . Allí  encontraron  montones  de  tierra  en  esto  que  cogieron  las  palas  que  habían  utilizado  antes,  cavaron  en  todos  los  montones  y  en  todos  habían  diamantes menos  en  uno,  había  gente  al  lado,  entonces  preguntaron  a  la  gente  si  sabían dónde  estaba  el  último  diamante  pero  nadie  lo  sabia  menos  una   persona  que  lo  tenía  en  brazos  con  la  intención  de  venderlo. Y  le  dijeron  que  si  les  podía  dar ese  diamante  y  él  les  contesto : 

- ¿Para   que  lo  queréis?                
Y  le  contestaron.
- Para  salvar  este  sector  y  el  del  bosque.
Y  al  escuchar  estas  palabras  les  dio  el  diamante.
Al  unir  los  siete  diamantes  el  Conde  Drácula  murió  y  las  personas  que  habían  muerto  en  el  combate  contra  Drácula  volvieron  a  vivir.



lunes, 12 de marzo de 2012

CONTAMOS CUENTOS: El señor Rufino y la noche


El señor Rufino y la noche



El señor Rufino era el anciano de gesto amable y bigotes blancos, vestido siempre de verde, que vivía en el piso de en frente. Decía papá que había trabajado toda la vida de sereno, pero nosotros no sabíamos qué era aquello.  

- A lo mejor es el masculino de sirena – decía la cursi de mi hermana. 


- Claro, y vivía aquí que no hay mar… - le respondía yo enfadado. 

- Tal vez es que tocaba una sirena – seguía insistiendo con el tema mi hermanita. 

No supimos el significado de sereno hasta que una tarde nos cruzamos con el señor Rufino en el portal. Estaba empezando a atardecer. Nosotros volvíamos del parque y él se marchaba a dar un paseo. Ahora que lo pienso, el señor Rufino siempre salía de noche. 

Esa vez, cuando nos lo encontramos, mi hermana, que es un poco bocazas y siempre está metiendo la pata, le miró con ojos extrañados y le preguntó:

- ¿Es verdad que usted de joven tenía una cola de sirena? 

Y dale con las sirenas, a veces a mi hermana habría que taparle la boca con esparadrapo para que no diga tantas tonterías. Pero gracias a su ocurrencia, supimos lo que era un sereno. El señor Rufino nos lo explicó. 

Los serenos eran señores que durante muchos años se dedicaban a caminar por las calles de noche encendiendo las farolas, vigilando el vecindario y cargando un montón de llaves que abrían todas las puertas. Pero con el tiempo, la función del sereno había dejado de ser importante. Así que el señor Rufino se había jubilado.

Desde aquel momento, mi hermana y yo admiramos más todavía al señor Rufino. ¡Un hombre que enciende las farolas, con lo altas que son! ¿No me digáis que no es cosa de magia? Además, el señor Rufino era tan misterioso, siempre recorriendo las calles por la noche, con su elegante corbata y su anticuado sombrero verde. 


Hace poco dejamos de verle. Simplemente desapareció. ¿Qué le habría pasado al señor Rufino? Como siempre mi hermana, se lanzó a proponer ideas absurdas.

-No me creo eso que nos contó de los serenos. Seguro que le ha vuelto a salir una cola de sirena y ha tenido que volver al mar. 
Y dale con las sirenas. ¡Qué  pesada es mi hermana a veces! 


Pero yo tengo mi propia teoría sobre el señor Rufino. Justo cuando desapareció, el mismísimo día, instalaron en la plaza unas farolas nuevas, preciosas. En el centro, justo en el centro, había una más grande y más elegante que el resto. Era blanca y verde, igual que el señor Rufino cuando salía a pasear cada noche.  


Ya sé que pensaréis que es una locura. Pero estoy seguro de que el señor Rufino, el sereno, se ha convertido en esa nueva y elegante farola.

Editado en: cuento a la vista

lunes, 13 de febrero de 2012

CONTAMOS CUENTOS: La princesa de fuego



Ilustración: Martina Peluso
H

ubo una vez una princesa increíblemente rica, bella y sabia. Cansada de pretendientes falsos que se acercaban a ella para conseguir sus riquezas, hizo publicar que se casaría con quien le llevase el regalo más valioso, tierno y sincero a la vez. El palacio se llenó de flores y regalos de todos los tipos y colores, de cartas de amor incomparables y de poetas enamorados. Y entre todos aquellos regalos magníficos, descubrió una piedra; una simple y sucia piedra. Intrigada, hizo llamar a quien se la había regalado. A pesar de su curiosidad, mostró estar muy ofendida cuando apareció el joven, y este se explicó diciendo:
- Esa piedra representa lo más valioso que os puedo regalar, princesa: es mi corazón. Y también es sincera, porque aún no es vuestro y es duro como una piedra. Sólo cuando se llene de amor se ablandará y será más tierno que ningún otro.
El joven se marchó tranquilamente, dejando a la princesa sorprendida y atrapada. Quedó tan enamorada que llevaba consigo la piedra a todas partes, y durante meses llenó al joven de regalos y atenciones, pero su corazón seguía siendo duro como la piedra en sus manos. Desanimada, terminó por arrojar la piedra al fuego; al momento vio cómo se deshacía la arena, y de aquella piedra tosca surgía una bella figura de oro. Entonces comprendió que ella misma tendría que ser como el fuego, y transformar cuanto tocaba separando lo inútil de lo importante.
Durante los meses siguientes, la princesa se propuso cambiar en el reino, y como con la piedra, dedicó su vida, su sabiduría y sus riquezas a separar lo inútil de lo importante. Acabó con el lujo, las joyas y los excesos, y las gentes del país tuvieron comida y libros. Cuantos trataban con la princesa salían encantados por su carácter y cercanía, y su sola presencia transmitía tal calor humano y pasión por cuanto hacía, que comenzaron a llamarla cariñosamente "La princesa de fuego".
Y como con la piedra, su fuego deshizo la dura corteza del corazón del joven, que tal y como había prometido, resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la princesa hasta el fin de sus días

miércoles, 14 de diciembre de 2011

CONCURSO UN CUENTO...UNA TARJETA

Hola a todos!!!!

Se acerca la Navidad y como en años anteriores vamos a recibirla con mucha ilusión, y con nuestro concurso:
 "UN CUENTO, UNA TARJETA"
Desde aquí os animamos a que vengáis a la biblioteca los días 14, 15 y 16 y después de leer un cuento participéis en el concurso ilustrando una tarjeta Navideña.
¿¿Os atrevéis??

Aqui os dejamos uno de los cuento que tenemos para vosotros.





Erase una vez un bonito pueblo en medio de un frondoso y colorido bosque habitado por unos alegres animales. Cada año, con la caída de las primeras nieves y la llegada de las estrellas de luz, se reunían en torno al Gran Árbol para preparar la Navidad y conocer una de las noticias más esperadas de la temporada: el nombre del ganador del concurso de teatro, que se encargaría de dirigir la función de Nochebuena.
En aquella época, todas las actividades que realizaban tenían como objetivo la convivencia, el fomento de la amistad y la diversión. La exhibición de cocina, organizada por la Señora Ardilla, hacía las delicias de los más comilones, pues los platos presentados eran degustados al finalizar la competición. Los más pequeños participaban en la tradicional Carrera de Hielo, que tenía lugar en el lago helado y acudían cada tarde a los ensayos de la Señorita Ciervo, la directora del coro que alegraba con sus villancicos todos los rincones del bosque. Y, por supuesto, estaba la mejor noche de todas: la Nochebuena, en la que se representaba la obra ganadora, que siempre tenía como tema central la amistad.
Cada año, el Señor Búho, como director de la escuela de teatro, seleccionaba una pieza de entre todas las que enviaban los animales aspirantes a ser los elegidos para llenar de paz los corazones de los habitantes del bosque, pero ese año…
-Bienvenidos todos a la reunión preparatoria de la Navidad –dijo el Señor Búho posado en la rama más robusta del Gran Árbol. Este año, la elección de la obra ha estado muy reñida porque todas las propuestas eran de gran calidad, pero había que elegir un ganador. Así que sin más dilación demos un aplauso al Sr. Conejo, autor de la obra Salvemos el bosque, que podremos ver en Nochebuena.
-Gracias, gracias, es un honor para mí –exclamaba Conejo entre vítores y aplausos.
-Bien, pues ya sabéis que mañana a las diez darán comienzo las pruebas de selección de actores. Rogamos puntualidad a los interesados –concluyó el Sr. Búho.
Al día siguiente, a la hora convenida, había una considerable cola a la entrada del teatro. Al ser un musical, las pruebas se centraron en las habilidades de canto y baile, pues eran requisitos imprescindibles. La obra contaba la trama de un guardabosque que debía salvar la flora de un malvado leñador, obsesionado con cortar un árbol milenario y arrasar todo lo que se pusiera en su camino. En su lucha por preservar el entorno natural, el guardabosque contaba con la inestimable ayuda de sus fieles amigas, un girasol y un lirio que ponían su astucia al servicio de la noble causa.
Tras varias horas, los papeles quedaron repartidos de la siguiente manera: el Sr. Oso haría de guardabosque, Castor sería el vil leñador, la Sra. Pata representaría al girasol y la Sra. Lince, al lirio.
Al principio todo marchaba estupendamente, los actores estaban contentos con sus papeles y trabajaban duro para perfeccionar sus actuaciones, dejándose la piel en escena, hasta que hizo su aparición el peor y más temido de los fantasmas: la envidia.
-No sé Conejo, creo que Castor tendría que tener un poco más de protagonismo. El papel del leñador está lleno de matices y podríamos crear unos espectaculares efectos especiales que dejarían al público boquiabierto –dijo el Sr. Búho en uno de los ensayos.
-Sí Búho, puede que tengas razón y deba retocar el texto para darle más peso a Castor y proyectar toda la fuerza del personaje. Podemos hacer un juego de luces y sombras cada vez que aparezca y realzar su papel.
Ante estas palabras Castor se puso muy contento, pues estaba muy ilusionado con la obra, pero Oso no lo vio con los mismos ojos. Si a Castor le daban más protagonismo, eso significaba que él dejaría de ser el protagonista absoluto y eso no le gustó nada. Es más, pensó que Búho y Castor lo estaban haciendo a propósito.
El ensayo del día siguiente fue un caos. En lugar de avanzar, daban pasos hacia atrás. Oso no colaboraba y Castor, que se había dado cuenta de lo que estaba pasando y de que Oso quería boicotear su actuación, estuvo muy arisco.
Por si fuera poco, el vestuario también había sido fuente de conflictos entre las chicas. La Sra. Pata consideraba que el vestido de la Sra. Lince era más llamativo y que debían haberlo echado a suertes.
-No entiendo por qué el traje del lirio tiene que ser más bonito que el del girasol. ¿Quién ha elegido el vestuario? No estoy de acuerdo –chillaba Pata.
La tensión en el escenario se podía cortar y desastre no se hizo esperar. Así, durante el ensayo de la escena final, que reunía a todos los actores en el escenario para interpretar el número final, comenzaron a empujarse unos a otros con tal brío que parte del decorado se rompió y el árbol se vino abajo.
-Orden, orden, pero bueno ¿qué pasa? –preguntó Conejo encolerizado. Habéis echado a perder el trabajo de varios días y de todos los que han colaborado en la puesta en escena. Quedan sólo dos días para Nochebuena, pero si tuviéramos más tiempo os echaría a todos de la obra. Se acabó el ensayo por hoy. Fuera todos de mi vista.
Conejo estaba rabioso, no entendía nada. Pero ¿cómo podían pelearse por una cosa así? Era Navidad, había que estar alegre y demostrar que eran amigos.
Al día siguiente los habitantes se despertaron siendo testigos de un acontecimiento terrible: la nieve había desaparecido y las estrellas de luz se habían apagado. ¿Cómo era posible? Asustados, los animales se congregaron alrededor del Gran Árbol, en busca del sabio consejo del Sr. Búho.
-Queridos habitantes del bosque, el espíritu de la Navidad se ha ido –sentenció Búho.
-¿Y cómo podemos hacer que vuelva? –preguntó asustada la Sra. Ardilla.
-Oh, no, nos vamos a quedar sin Navidad –sollozó un lobezno.
-Hoy es un día muy triste para nuestro bosque. La envidia ha desatado unas reacciones negativas en cadena. La nieve se ha derretido, las estrellas han dejado de lucir y la obra de teatro peligra –advirtió Búho.

Oso estaba escuchando tras un arbusto y tenía miedo a salir porque sabía que era el desencadenante de la situación, pero había que ser valiente y afrontar las consecuencias de los propios actos, así que se decidió a salir, aunque tímidamente.
-Eh, amigo, lo siento mucho. Estoy arrepentido de mi comportamiento. Si hay algún culpable, ése soy yo. Me cegó la envidia. ¿Qué puedo hacer para enmendar mi error?
-No, no tienes por qué cargar con las culpas tú sólo, yo también he contribuido con mi mala conducta. Si sirve de algo yo también lo siento. No quería que pasara esto –se lamentó Castor.
La Sra. Lince se acercó a la Sra. Pata, que estaba con sus patitos muy cerca de ella, y le dijo:-Si te hace ilusión, te cambio el vestido, me importa más tu amistad que un trozo de tela. Somos amigas y nuestros pequeños juegan juntos –exclamó la Sra. Lince dándole un abrazo a la Sra. Pata.
-¡Mirad, está nevando! –gritó con entusiasmo una voz.
-Sí y parece que en el cielo brillan de nuevo las estrellas. El espíritu de la Navidad ha vuelto –se oyó.
Ese año, la Navidad se vivió con mucha más intensidad en el bosque, al fin y al cabo estuvieron a punto de perderla para siempre. Pero habían aprendido la lección y ahora sabían que la envidia cegaba y tenía unos efectos muy negativos que no se podían controlar.
Los animales habían ahuyentado la Navidad con su conducta, aunque en ellos mismos residía también el poder de resucitar su alma. Así que para que no se les olvidara nunca aquel susto y a partir de ahora prestaran atención a sus comportamientos con los demás, construyeron un gran cartel de madera que colgaron de una de las ramas del Gran Árbol, en el que se podía leer la siguiente inscripción:
«El tesoro más valioso que posees es la amistad, cuídalo todos los días y crecerá».

Fin   


©Helena López-Casares Pertusa

domingo, 16 de octubre de 2011

CONTAMOS CUENTOS : El pequeño aprendiz de Samurai


Los samuráis y su modo de vida fueron oficialmente abolidos en los primeros años de 1870.
Pero no fueron olvidados del todo. Aún hoy, existen leyendas que nos hablan de ellos y de los principios por los que se regían. Valores que no deben de faltar en nuestras vidas.
Como en la historia de Kan, el pequeño aprendiz de Samurai.




Hoy era un día feliz para Kan, hoy cumplía 12 años y su padre había prometido concederle el mayor de los tesoros. Una espada de Samurai. Naturalmente no sería una espada de doble diamante como la de su padre, sería una sencilla espada katana. Lo demás habría de ganárselo por sí mismo. Era un inmenso honor el que le hacía su padre. A partir de ahora dejaba de ser un niño para convertiste en todo un aprendiz de Samurai. Un brillante futuro se presentaba por delante si estaba dispuesto a aprender y a trabajar. Y kan lo estaba desde lo más profundo de su corazón.
Su padre Kazo estaba frente a él, solemne e imponente como era natural en su persona. El anciano Samurai aparentaba mucha menos edad de la que realmente tenía, solo su larga cabellera blanca y unos ojos llenos de sabiduría rebelaban su verdadera edad. Su armadura de General Samurai reflejaba los dorados rayos del sol como si fuera de oro mientras que los dobles diamantes engastados en la empuñadura de su propia espada katana formaban un doble arco iris enlazado en su base. Kazo había luchado mil batallas y formado a cientos de Samurais, y por fin hoy iba a instruir a su propio hijo. Un acontecimiento que llevaba esperando desde hace doce años. En sus manos sostenía la futura katana de su hijo, un arma poderosa que debía usarse con sabiduría. Kan debía entender que lo más importante de un Samurai no era su arma, sino su sabiduría y su honor.
La cara de Kan resplandeciente de honor y gozo al recibir su espada, llenó el corazón de su padre de un orgullo como nunca antes había sentido. Ahora ya era oficial, el joven aprendiz había superado todas las sutiles trampas que se le habían tendido y por sus propios méritos se había convertido en uno más del clan.
Esa misma noche, después de las celebraciones y las risas, padre e hijo se sentaron juntos alrededor de la hoguera. La noche era cálida y en el cielo lucían las estrellas como luciérnagas en un estanque, la Luna llena brillaba con fuerza, como si quisiera arropar al joven Samurai con sus rayos de luz.
- Hijo mío - La voz de Kazo era grave, relajante y penetrante como las caricias de una madre - Hoy has dado un paso muy importante en tu vida. Has dejado de ser una persona normal, has dejado el bosque para introducirte en el camino de la vida por el sendero del Samurai. Has superado la trampa invisible que tienden los fantasmas del miedo y del fracaso. Nunca luches contra los fantasmas del miedo, ellos harán que todos los problemas parezcan agolparse para vencerte y doblegarte, cuando estos fantasmas te ataquen, no te defiendas, sigue adelante enfrentándote a los problemas uno a uno. Ese es el único secreto del éxito hijo mío.
- Si padre, estas semanas las dudas recorrían mi mente - Kan miraba a la Luna en busca de fuerzas para expresar lo que había sentido - no sabía si sería capaz de llegar al final, tenía miedo de entrar en la senda del Samurai por miedo al fracaso, por miedo a decepcionarte, por miedo a que se rieran de mi los demás mientras no domine todas las técnicas como lo hace un Samurai de verdad. Era un dolor intenso - dijo mientras su mano se posaba en su estomago - como si me clavaran afiladas agujas en el estomago. Pero me di cuenta que si no empezaba, habría fracasado aun antes de intentarlo. - Sus ojos se clavaron en los de su padre - No sé si llegaré algún día a ser un Samurai tan bueno y poderoso como tú padre, pero ten por seguro que lo intentaré con todas las fuerzas de mi ser, nunca me rendiré al camino. Siempre seguiré adelante.
Kazo no podría estar más orgulloso. Su hijo poseía una fuerza que le conduciría allí donde él quisiera. Porque nadie mejor que el viejo Samurai sabía que el mayor secreto para conseguir en la vida lo que se desea es el no rendirse jamás. A su tierna edad ya conocía ese secreto, sin duda llegaría muy lejos, mucho más lejos que su padre el General de Generales.
- Hijo, ahora eres parte de los Samurais y por lo tanto has de regirte como tal - El viejo Samurai cogió un grueso leño y se lo paso a su hijo. - Parte este leño hijo mío, se que puedes hacerlo.
- Pero padre, este leño es muy grueso, - dijo el joven abatido - y yo solo tengo doce años, aun no soy un hombre maduro. No tengo la fuerza suficiente.
- Claro que tienes la fuerza hijo, pero tu fuerza no está en tus músculos - sentenció a la vez que rodeaba con su grande y cálida mano el estrecho brazo de su hijo - Si no en tu cabeza, es en tu inteligencia y en tu fuerza de voluntad donde posees la energía suficiente para realizar todo aquello que desees. Si piensas que no eres capaz de hacerlo... seguramente nunca serás capaz. Sin embargo, si estás convencido de que es posible, y desde el fondo de tu corazón brilla la verde llama de la esperanza y la fe en ti mismo. Podrás hacer lo que desees, solo habrás de buscar el medio.
- Pero padre... - Kan quería creer a su padre, era un Samurai y los Samurais nunca mienten. Entonces debía existir una forma... pero cual - ¡Ya se! Ahora yo también soy un Samurai, ¡puedo hacer lo imposible!
Y desenfundando por primera vez su espada katana lanzó con todas sus fuerzas un terrible golpe contra el tronco... consiguiendo que la katana se incrustara fuertemente dentro del tronco. Kan intentó sacarla de un tirón, pero sus esfuerzos eran inútiles. Estaba demasiado fuertemente enganchada
- Tu intento ha sido digno de elogio Kan, pero has de aprender antes de hacer. - El viejo Samurai tomo entre sus manos la espada de su hijo y con un giro rápido de muñeca extrajo la espada del tronco. - Has de fijarte pequeños objetivos, fáciles de cumplir con tus capacidades, para conseguir lo que deseas. - Dicho esto devolvió la espada a su hijo. - Primero intenta crear una zanja en el tronco, no de un golpe directo, si no de dos curvos que te ayuden a debilitar la rama.
Kan lanzó un tajo curvo y cortante que hizo saltar unas astillas del tronco, a continuación lanzó otro en dirección opuesta que hizo que casi la mitad del tronco se dispersara por el suelo. Animado repitió la operación y unos instantes después el grueso tronco reposaba en el suelo, partido en dos pedazos y un montón de astillas.
- Tienes razón padre! El tronco entero era demasiado para mí, pero poco a poco he logrado debilitarlo y al final yo he vencido.
- Siempre existe una manera - La voz del viejo Samurai penetro en los oídos de su hijo grabando estas palabras a fuego - siempre existe una manera de lograr lo que deseamos. Ante ti tienes las tres armas más poderosas que has de utilizar. - le dijo el anciano Samurai.
- ¡Cuales! dímelo - su ilusión ante la perspectiva de tener más armas era enorme.
- La primera el Entusiasmo, si crees en lo que haces y de verdad te gusta podrás conseguirlo todo y debes creerlo con toda la fuerza de tu ser.
Kan asintió con la cabeza, temeroso de interrumpir a su padre.
- La segunda ¡El Empuje! Has de aprender y trabajar, aprender y trabajar y después... enseñar, aprender y trabajar. Solo con el trabajo conseguirás tus objetivos. Si pretendes aprovecharte de la gente solo encontraras el fracaso, sin embargo, si trabajas con honor, en equipo y siempre intentas superarte... no habrá nada que pueda pararte.
Kan poso la mano en su corazón y se prometió a sí mismo, en absoluto silencio que siempre trabajaría con honor y que nadie le pararía.
- Y la tercera,  la Constancia - los ojos de Kan preguntaban a su padre que era la constancia, acaso no era lo mismo que el empuje
- La Constancia hijo mío, es la capacidad de aguantar en los tiempos duros y seguir trabajando para que vengan los tiempos buenos, la constancia es el arte de continuar siempre! Tú ahora acabas de empezar y mañana empezarás a practicar con los Samurais. Al principio, después de cada entrenamiento, te dolerán los músculos y estarás cansado, tendrás ganas de abandonarlo todo porque pensarás que esto es demasiado duro para ti. Pero si eres Contante y continúas aprendiendo y practicando, poco a poco tu cuerpo se irá adaptando y desarrollando, así como tu mente. Y veras como cada vez las cosas te resultarán más fáciles y obtendrás más resultados y más fácilmente. Los comienzos son siempre duros hijo, y solo si eres constante tendrás el éxito asegurado.
Kazo vio como su joven hijo asentía medio dormido. Ya era tarde y hoy había aprendido más que en toda su vida. El viejo Samurai cogió a su joven hijo, ahora aprendiz de su arte,  en sus brazos levantándolo, a pesar de su avanzada edad, como si de una pluma se tratara.
Su hijo le susurro algo al oído como "gracias papa!" antes de quedarse dormido. El general de generales se preguntó si realmente su hijo seguiría al pie de la letra todos los consejos que hoy había aprendido. Sabía que si así lo hacía llegaría aun más alto de lo que él, general de generales, había logrado.


       Fin  

domingo, 5 de junio de 2011

Año Internacional de los Bosques



Este año, el día del Medio ambiente, lo han dedicado al Año Internacional de los Bosques,  con el fin de concienciarnos de que los árboles y los bosques son indispensables para la vida y contribuyen  al desarrollo sostenible y la eliminación de la pobreza

Nosotros desde aquí, os animamos a que leáis estos cuentos, acompañados de actividades, que desde "Bosques sin Fronteras" han preparado para sensibilizarnos sobre este problema. 


 






 Las aventuras de Lluvia Encinas









Cuentos de árboles gigantes









El árbol de Miguel y otros cuentos


viernes, 18 de marzo de 2011

Se acerca el "Día del Padre" pensando en todos ellos os dejamos este cuento que nos habla sobre la historia de una familia formada por una mamá y su hija. Madre e hija lo tienen claro, quieren buscar  un papá a su medida: que sea fuerte, muy fuerte, con mucho pelo, muy guapo, muy listo, que sepa hacer puzzles difíciles, patinar sobre ruedas… Lo tienen bastante difícil.
Haz clic en el título y disfruta con la historia




Un papá a la medida de David Calí, ilustrado por Anna Laura Cantone. Edelvives; Zaragoza, 2005. ISBN: 978-84-263-5485-3

viernes, 31 de diciembre de 2010

ECHA TUS SUEÑOS A VOLAR



"Había una vez un arbolito feliz. Entre sus ramas había pichones traviesos que jugaban y piaban todo el día. 
El árbol conocía muy bien a todos
  y los quería, los quería tanto... 
Cuando hacía frío los pichones se acurrucaban entre sus hojas y si el sol estaba tibiecito, el
  árbol, moviendo sus ramas, les hacía dar saltitos invitándolos a jugar. 
Pero un día, entre saltito y saltito, los pichones subieron
  la rama más alta del árbol y vieron un azul hermoso y un bosque lleno de otros árboles que no conocían. 
Se dieron cuenta entonces que sus alitas habían crecido lo suficiente como para intentar volar. Un aleteo...y otro más...y por
  fin el cielo no pareció tan lejano. Uno a uno, los pichones se fueron volando. El árbol los miró partir con orgullo, porque entre sus ramas los había cuidado durante mucho tiempo. Él sabía que en una tarde de lluvia los volvería a ver acurrucándose entre sus ramas, los recordaría siempre a cada uno de sus pichones. 

Esa noche el árbol quedó sólo y vacío. A la mañana siguiente no sólo el rocío mojaba sus hojas....nadie se había dado cuenta que había llorado."




                                                  
Un año más termina. No nos entristece pues hemos logrado lo que nos habíamos propuesto, crecer junto a vosotros. No nos despedimos… algo concluye, sí; pero al igual que en el cuento, dejaremos que nuestros sueños partan hacia el nuevo año y junto a vosotros seguiremos trabajando para que esos sueños se hagan realidad.



        ¡¡¡ Feliz 2011 !!!




miércoles, 29 de diciembre de 2010

CUENTOS DE NAVIDAD


Días de Navidad, noches frias..... Cuento que narra la triste historia de una pobre niña. No cerremos los ojos ante esta historia y aprendamos a compartir lo que tenemos con los que más lo necesitan.




La pequeña cerillera

Por Hans Christian Andersen
  
ilustración:  Silvia Alvarez Castellar

¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.

Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en    direcciones opuestas.

La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.

Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.

-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios".

Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!

Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.

Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.

-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.

Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos.






Aqui puedes ver un pequeño corto, que acompañado por la  música de Alexander Borodin, nos ilustra este cuento que acabamos de leer.